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LA FIA-FAIA EL RETORNO DE LA MAGIA DE LA NAVIDAD


La Fia-faia es la fiesta que da entrada a la Navidad en los pueblos de Bagà y San Julià de Cerdanyola. La vigilia de Navidad, en el punto del anochecer, cada una de las dos poblaciones enciende una hoguera en la montaña, en un altozano des del que se divisa la puesta de sol, desde allí se transporta el fuego hasta el centro del pueblo por un grupo de “fallaires” en una vistosa bajada nocturna, que algunos años puede acompañar la nieve. Los que llevan las faias son recibidos con alegría en cada población, y al llegar reparten el fuego al resto de “fallaires”.
 
 
Se inicia en ese momento la quema general, acompañada con cantos muy breves: “Fia-faia que nostro senyor ha nascut a la paia” (Fia-faia, que nuestro señor ha nacido entre la paja – del pesebre -), y de una música que resume los antiguos cantos, el crepitar de las faias y la alegría navideña. Cuando las antorchas quedan cortas, se hace una hoguera con los restos, sobre la que acostumbran a saltar los jóvenes y a su alrededor se forma un corro de juego y de baile.
 
 
 
 
 
 
 
La fiesta en la Villa de Bagà adquiere un aire espectacular con más de doscientas antorchas que confluyen en la plaza “porticada”. En Sant Julià de Cerdanyola la bajada de antorchas es casi general, y el fuego de la plaza, con la “endreça” se mantendrá toda la noche.

Las faias pueden tener una largada superior a los dos metros, se hacen con una hierba de tallo largo, popularmente faia, que se recoge por las hazas y cuestas. Su confección requiere destreza, o incluso arte.

La Fia-faia es una fiesta ancestral que proviene del culto al sol prácticamente generalizado en las antiguas religiones de base agraria, este culto gira sobretodo alrededor de los solsticios, antiguamente el 24 de junio y el 24 de diciembre. La Iglesia al extenderse por el antiguo territorio del Imperio Romano integró bastantes elementos de los cultos anteriores, cristianizándolos. El solsticio de verano se vio transformado en la celebración de San Juan, y el de invierno en la Navidad. La progresiva importancia de la Navidad cristiana ha ahogado los ritos anteriores, solamente se mantienen algunos reductos, el “tió” aún hoy bien conservado en Cataluña, la Fia-Faia celebración mucho más minoritaria. La Navidad, una fiesta hogareña en que la gente no viaja mucho, permitió que la Fia-Faia permaneciera oculta en los altos valles del Llobregat y prácticamente desconocida fuera de su término.

La Fia-faia es mágica en si misma, por lo que representa: una plegaria al sol para que su luz a lo largo del día vuelva a crecer, y poco a poco recupere el esplendor del verano, también por un conjunto de otras significaciones que a lo largo de los siglos se han ido olvidando: protección de la comunidad, de la familia, fertilidad de la tierra, etc.

I finalmente es una fiesta única porque de ser un culto generalizado se ha transformado en un rito extremadamente raro, en todo el Pirineo solamente se conserva en Bagà y Sant Julià de Cerdanyola. Se mantienen fiestas con alguna similitud en otros sitios de Europa.

Este año, cuando llegue la noche más larga del año, los “fallaires” de Bagà y de Sant Julià de Cerdanyola detendrán nuevamente el avance de la oscuridad, volverán a conseguir que la permanencia del sol en el firmamento crezca de nuevo día a día. Si vienen serán espectadores de un rito excepcional que en su esencia no ha cambiado en muchos siglos y que los baganeses y cerdanyolencs desean compartir con ustedes.

Hoy la Fia-Faia, por su excepcionalidad espera ser reconocida como Fiesta Nacional de Interés Popular.

Xavier Pedrals Costa